El mundo en ebullición y un sinfín de acontecimientos geopolíticos están desvelando las líneas maestras de la política internacional para la próxima década. Todo recrea el ambiente de un siglo atrás, cuando la Sociedad de Naciones demostró su ineficacia con conflictos como el de Abisinia, España o la inminente II Guerra Mundial.
La ONU se ha convertido en una organización supranacional rebosante de burócratas adictos al poder que sólo cosecha fracasos. Es la peligrosa combinación de incapacidad para solucionar los problemas reales y una demencial habilidad para enrevesar cualquier tipo de situación. Es importante recordar que todas las barrabasadas totalitarias de la “plandemia COVID” están sustentadas por la Organización Mundial de la Salud. De la subvencionada OMS salieron la mayor parte de las absurdas medidas de contención, de las que la “vacunación” fue la más espectacular para mayor gloria de la industria farmacéutica.
El genial politólogo Ernesto Milá lo resume genialmente en la última actualización de su blog. Expone como la ONU se ha centrado fanáticamente en todos los multicolores objetivos de la Agenda 2030. Casi todas las locuras “pijoprogres”, exultantes del más excluyente “wokismo” se han incubado con millones de dólares en la ONU. Cada día les cuesta más imponer su relato, pero perseveran, hasta que terminen de destrozar todo con su catecismo climático. La preocupación de muchas personas con conciencia ambiental y sentido común, es aprovechada por las élites globalistas para propiciar diferencias y desigualdades. Para conseguirlo tocan todos los palos: aumentan la dependencia energética, arrasan con el sector primario, desequilibran las estructuras energéticas artificialmente, asolan tierras de cultivo para plantar placas solares, eliminan ganaderías, alteran los recursos hídricos…
La debacle de la ONU, y de otras organizaciones supranacionales, destaca por la eclosión de un nuevo Orden Mundial. Con la reciente detención del dictador Nicolas Maduro, el nuevo equilibrio de poderes trazado por Rusia, Estados Unidos y China, ha dado un paso al frente. Tras el episodio de Venezuela, son previsibles muchos más acontecimientos geopolíticos: el fin de la guerra en Ucrania, elecciones para relevar a la marioneta Zelensky y hasta es posible que China mueva ficha con Taiwán.
Mientras tanto, en Europa seguimos “proa al marisco”, en manos de unos burócratas desconectados de cualquier realidad y que no saben en qué mundo viven. Por presiones electoralistas están modificando tímidamente las políticas demográficas e implantando ligeros obstáculos a la inmigración masiva e ilegal que está alterando brutalmente el mapa de la Unión Europea. Demorar la fabricación de coches de combustión hasta más allá de 2035, es pura cuestión de subsistencia. Pero es insuficiente. Donde continúan su suicida estrategia es con la destrucción del sector primario, mientras apuestan por una dependencia irracional de terceros países.
Ahora que se está transformando el mundo, con estos movimientos “tectónicos” la política exterior de la UE sigue siendo errática. Lo acabamos de ver con los acuerdos con MERCOSUR, que han tenido a su principal defensor en su Sanchidad, paladín de todo lo que tintinea con la Agenda 2030. En esta misma tónica continúan destruyendo tierras de cultivo, para instalar placas solares, que sólo son negocio si prosiguen las subvenciones. Para la von der Leyen no hay límites. Ahora el negocio es la industria armamentística. se ve que pagan mejor que los de la farmaindustria.
A resultas del resurgimiento belicista sufrimos una psicosis de guerra generada por la propia Unión Europea. Los medios de comunicación europeos, especialmente en el Este y en Escandinavia, airean el “peligro ruso”… aún cuando no existe ningún dato objetivo de esta línea. Estrategia cuya intención final no es otra que justificar el desarrollo de una industria armamentista europea que, además de dar la posibilidad de exportar sus productos, sustituya los puestos de trabajo perdidos por la invasión de vehículos de bajo coste de los chinos. La previsión es de pérdida de un millón y medio de puestos de trabajo en el sector automovilístico europeo, y hay que implementar el nuevo escenario.
Queda de manifiesto que Europa es la única área del mundo que continúa apostando por la “globalización”, por su caduca “globalización”. Mientras, los restantes líderes apuestan por las nuevas zonas de influencia. América para los americanos (para los americanos del norte), los países de la antigua URSS para Rusia y Asia para esta China comunista por el día, capitalista por la noche. La OTAN, no es ni la sombra de lo que fue y ya no es útil a los estrategas geopolíticos de Washington.
Europa es un aglomerado de países mal dirigidos, y peor liderados, que arrastran crecientes desigualdades sociales. No es que Europa ya no cuente para nada en la política internacional, es que cada uno de los países europeos ya no tiene la más mínima posibilidad de crear un área propia de influencia. El nuevo orden se reconfigura por la aparición de nuevos espacios de poder. El horizonte del mundo global desaparece y en su lugar emerge un paisaje multipolar y eso altera las relaciones entre los hombres y las naciones, distintas expectativas vitales y formas también distintas de estar en el mundo.
Como magistralmente expone Milá debemos considerar que el actual reparto tripolar del mundo y su división en “zonas de influencia” describe solamente una situación que se prolongará, como máximo, entre 2025 y 2040. A partir de ese período es presumible que se abra una nueva reordenación mundial y que una China engrandecida por sus éxitos tecnológicos, sus recursos energéticos, el peso de su industria en el sector de las nuevas tecnologías y de su población, le permitan aspirar a dictar sus reglas a nivel mundial.
Se esperan años decisivos. Lo que se atisba no es agradable y muchos preferirán mirar para otro lado, incluso optarán por mirar atrás. Pero son tiempos de cambio, de cambios de verdad.
Luis Nantón Díaz
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SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
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